Un puñetazo en la barriga

person Publicado por: Mon Ciel En: favorite Hit: 165

En resumen todo a lo que te expones y lo que te llevas a la boca afecta la compleja ecuación dieta-flora-salud. Sin embargo los dos principales ingredientes que debemos evitar para conservar la salud, el equilibrio y el funcionamiento de nuestros bichos intestinales son: La fructosa de alimentos procesados y el gluten.

Ninguno de nosotros vive en una burbuja o puede evitar estar expuesto a las sustancias que amenazan el microbioma (bacterias intestinales), pero es útil estar consientes de cuáles son las más dañinas. En resumen todo a lo que te expones y lo que te llevas a la boca afecta la compleja ecuación dieta-flora-salud; sin embargo la alimentación explica el 57% de las variaciones mientras que los cambios genéticos son responsables de no más del 12% de los cambios en la microbioma intestinal. Sin embargo los dos principales ingredientes que debemos evitar para conservar la salud, el equilibrio y el funcionamiento de nuestros bichos intestinales son: La fructosa de alimentos procesados y el gluten.

1. La fructosa procesada. De todos los carbohidratos existentes en la naturaleza, la fructosa es el más dulce. Sin embargo su índice glicémico es el más bajo de todas las azúcares naturales porque en su mayoría se metaboliza en el hígado. Por lo tanto, no tiene efectos inmediatos en nuestros niveles de azúcar o insulina en la sangre, a diferencia del azúcar de mesa o jarabe de maíz, cuya glucosa termina circulando en el cuerpo y aumenta los niveles de azúcar en la sangre.

Sin embargo, la fructosa tiene efectos a largo plazo cuando se consume en grandes cantidades provenientes de fuentes no naturales. Representa una gran carga para el hígado, el cual se ve obligado a gastar tanta energía convirtiendo la fructosa en otras moléculas que se arriesga a que no le alcance para sus otras funciones. Una desventaja de este agotamiento de energía es la producción de ácido úrico, una consecuencia ligada a problemas de hipertensión, gota y piedras en los riñones. Asimismo, dado que la fructosa no desencadena la producción de insulina y leptina – dos hormonas clave para la regulación del metabolismo -, las dietas altas en fructosa suelen provocar obesidad y sus repercusiones metabólicas.

Además a los bichos intestinales les encanta la fructosa procesada. Estas bacterias la fermentan rápidamente, dando como resultado ácidos grasos volátiles, así como un popurrí de gases, incluyendo metano, hidrógeno, dióxido de carbono y sulfuro de hidrógeno. Estos se acumulan y provocan distensión, incomodidad y dolor abdominal.

2. El gluten. Proteína contenida en el trigo, la cebada y el centeno uno de los ingredientes más inflamatorios de nuestros tiempos. La intolerancia al gluten con o sin celiaquía aumenta la producción de citosinas inflamatorias, las cuales actúan como protagonistas de los trastornos neurodegenerativos.

El atributo “aglutinante” del gluten interfiere con la descomposición y absorción de nutrientes, lo cual provoca la mala digestión de los alimentos que puede activar la alarma del sistema inmune y esto tiene el potencial de provocar un ataque al revestimiento del intestino delgado.

Por todo lo anterior, eliminar el gluten y la fructosa manufacturada de la alimentación, así como limitar el consumo de fructosa natural, es el paso 1 para la salud. Lidiar con la exposición a sustancias químicas y medicamentos es el paso 2 para preservar la salud y calidad de vida.

Resumen construido a partir del libro: Alimenta tu cerebro, enero 2016. Dr. David Perlmutter. Penguin Random House Grupo Editorial.